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Un cuento sin acabar

Las pantallas que se espiran y brillan fueron dando forma a aquello que nadie quería nombrar, a ciencia cierta, como parte del paisaje que los encontraba reunidos. El pasado, el presente y el futuro se ponían en jaque con cada palabra, cada gota que caía por sus mejillas y con cada extremidad posada sobre el otro. Nadie quería estar ahí, ni el más desquiciado, ni el más fuerte, ni el más débil, pero sin embargo se encontraron todos juntos. Cientos de almas sin palabras en la boca, pero con el cuerpo lleno de preguntas, preguntas sin contestar, preguntas abiertas, preguntas insólitas, preguntas. La duda, el rencor, el amor, el odio, al desazón y la esperanza -¿esperanza de qué?- marcaban sus rumbos y acongojaban a sus corazones. Nada más puro que ese estado, dónde todo vale pero nada está permitido. Lo cercano, lo lejano, barreras que se iban rompiendo solas como las olas del mar picado, que se va chocando contra sí mismo, y no sabe cuál es su rumbo. Cómo, cuándo, dónde, por qué…...

Y lo que hiciste, de lo que fue, desapareció...

La tensión aumenta minuto a minuto... La gente se sienta en el piso, que su frescura ayuda a bajar los nervios. Conocidos y desconocidos son objeto de charla, del tema que sea: la inflación, la devaluación, la seguridad, la vida misma, la familia, los viajes. Seguramente ninguno de los interlocutores tenga otro objetivo que lograr que el tiempo pase lo más rápido posible. Aún me mantengo en pie. La música me aísla un poco, pero me ayuda a no enloquecer. Los "clinc" y los números se suceden unos a otros, y así sucesivamente. Las letras que los anteceden no se acercan a la que yo necesito. Uno a uno los "clientes" y "no-clientes" se suceden. El ruido de las máquinas y los hombres contando plata que no les pertenece, los sellos golpeando las hojas y los mostradores, los "clinc" y las  charlas, las paredes, ventanas, ventanillas antihumanas y los paneles cegadores, que dividen al pagador y del que espera por pagar, todo completa el paisaje. El...

Liberto

Vas comprando tu rutina con monedas prestadas que nadie va a reclamar. Le vendes tu cuerpo al yugo y sentís el frío correr por tu espalda. Das la vuelta y encontrás tu pasado quemado entre pétalos y flores que te dicen dónde estás... que estás acá. No perdimos, no nos derrotaron seguimos vivos combatiendo. Con tu fuerza, acompáñame no te pierdas en el camino que las piedras son muchas los pozos abundan y a vos, y a mi... nos los quieren regalar.

Abandonada y perdida

Sus ojos dejaron de mirarme, me siento bien. Perdí su atención y no puedo explicar la felicidad que me da que ya no me mire con tanta pasión, con tanta vehemencia, como diciendo: volveré por ti una y mil veces. Ya no, estoy liberado de ella y sus vueltas infinitas, embustera, asesina de almas. Estaba hace tiempo sentado en mi cama, pensando en la vida, abstrayéndome de mi mismo, y pensaba, y pensaba... Pensaba como decirle para que se aleje de mi, quería saber cómo hacerlo pero imposible: llegaban ayudas de todos lados, consejos, cosas interesantes, cosas inválidas, pero nada funcionaba. Recuerdo que pensé en escribirle una carta, en mirarla a los ojos y decirle, léemela en voz alta. Después dije que sería inoportuno y bastante impersonal. En otra ocasión me dije a mi mismo: "es hora de enfrentarla cara a cara y obligarla a que se vaya, aunque sea a la fuerza". Me planté frente a frente, nos miramos, cruzamos miradas intensamente. Agarré su mano izquierda, atine a abrir l...

Biografía de un perdido

Era de día, 3 de enero de 2013, el muchacho se dejaba llevar por la música mientras dejaba pasar las últimas horas de calma hasta tener que correr hacia el trabajo, aquel que no era el mejor, pero por lo menos lo ayudaba a salir del paso. La música de fondo lo hacía feliz; ocurrentemente, hablaban de la felicidad. La soledad lo acompañaba minuto a minuto, paso a paso, y eso lo hacía feliz e infeliz, claro está que depende del día, de cómo se sintiera. Por lo general estos días calurosos con olor a encierro no le gustaban mucho, prefería, ocasionalmente la lluvia. Es todo lo que parece que no podría ser cada vez que se imaginaba algo, deliraba. Constantemente su latir llevaba el ritmo de una canción o de alguno de sus delirios, que todavía no eran música, ni eran imágenes, ni eran palabras, eran eso: delirios. Se agarra la cabeza cada vez que algo no le cierra, es un tipo raro. Cuando se sienta a esribir, no sabe por donde empezar, hasta que pum, se cae una idea, mala, a veces las modi...

El cosmos humano

Si la locura hablara, diría tantas palabras incomprensibles como momentos vividos. Como cada momento es "único" e irrepetible, cada palabra incomprensible, también lo es... ergo el delirio mismo de la vida tácita y el recuerdo recelado por la mente socrática, hacen que el lenguaje pierda todo manto de comprensibilidad, y de aprehendimiento. Es decir, nos quedamos sin palabras. Cada palabra que no pronunciamos es un destello enérgico de una estrella radioactiva que no titila sino que cada vez brilla con más intensidad, o quizás cada vez este más próxima a la tierra, a colisionar con nuestro cuerpos inertes... El deseo cae al fin, la esperanza y el letargo se hacen agua sobre los manantiales de la riqueza inmoral, aquella que rompe con todo y con nada a la vez... un aire recorre la sala en la que estas, como anunciando la felicidad extrema... ¿Y el pasado? El pasado ya no existe, se esfumó con todo lo demás, con lo que nunca fue, es decir, ¿el presente? Si el presente no es má...

Silencios

Normalmente uno disfruta de los silencios, aquellos que llenan el espacio de tal forma que no cabe una sola palabra en esa conversación de mudos. Cuando el tiempo te lleva a dar incontables vueltas por el espacio sideral y no tenés nada que decir, solo, silenciar el momento y disfrutar del letargo de estar vivo de verdad. El aire clama por entrar a tus pulmones y salir vibrando tus cuerdas pero el alma no lo deja, entonces el aire se queda ahí en el pecho, guardadito... o cada tanto sale en forma de suspiro. Suspiro. Una suerte de alivio o de regocijo de lo que esta sucediendo. O no. Tal vez la lógica del mundo no nos deje suspirar lo que realmente merece que sea ¿suspirado? La lógica que cada vez nos aleja más de los silencios pidiendo que llenemos el espacio de palabras vacías, ¿paradójico? Yo creo que para nada. En tanto y en cuanto los silencios se acoplen al pasar del viento, o al caer de un rayo solar sobre nuestras cabezas, o simplemente al fiel y hermoso reflejo de la luna en...